La perfeccion esta en tus manos

A veces me pongo a pensar… ¿Porqué ser una princesa es tan complicado?…
Quiero ser perfecta. No se puede me contestan algunos.
¿Qué me pasa?. ¡Estoy gorda!. Adentro mio hay alguien que me dice :- ¿No te ves al espejo? ¡Estas gorda!. ¡Sos fea!
Y nose que más hacer. Soy fea. No soy perfecta. Soy GORDA. ¿Qué me esta pasando? ¿Qué estoy haciendo?
Tengo que dejar de comer. Para que comer si mis sueños me alimentan.
Y si… Apareciste en mi vida como por arte de magia, no esperaba encontrarte. Jamás he conocido a nadie como vos. Me llenaste la vida de frases de alivio, dandome fuerza. Me hiciste ver que con esfuerzo podía lograr todo lo que quisiera. Me visitabas en los momentos donde mi angustia se convertía en lo peor, y aparecías en el reflejo del espejo; y con una voz angelical, me decías: “Mírate, eres un ángel bajo un manto de grasa. Nadie quiere saber nada de ti, porque sos GORDA. Están domesticados, obligados a juzgar tu cuerpo para poder acceder a tu alma. Enséñales a la princesa que llevas dentro.”
Yo te escuché, Ana. Eras mi única amiga, la única que me enseñó a escapar de todo aquel sufrimiento, de la melancólica soledad, de las humillantes burlas. Aparecías cuando más te necesitaba, y me entusiasmaba pensar en el maravilloso futuro que me esperaba tu lado. Me hablabas de perfección, de respeto, de poder, de convertirme en una diosa. Y cuando la tentación me llamaba en forma de apetitosos dulces y suculentos manjares, allí estabas tú, querida Ana, para que no renunciase a una vida entera de placer por un momento de dulzura en mi boca.
Y te obedecí, Ana. Y todo parecía que funcionaba perfectamente: la ropa empezó a ser holgada, y yo me sentí como una triunfadora, como una heroína. Tenías razón, Ana. Tú eras capaz de darme todo. Y yo estaba dispuesta a seguir adelante. Pero me advertiste de que el camino iba a ser largo y difícil, y que lo único que habíamos hecho era comenzar. Sabías que no era suficiente sólo con apartarme de dulces, bollos y antojos de entre horas. Me hablaste de esa terrible droga; me alejaste de ella, me alejaste de la comida. La convertiste en mi peor enemiga.
Controlabas todo lo que hacía, y te comportabas como una profesora de la vida. Si me dejaba llevar por la tentación y me llevaba algo de comida a la boca, estabasí para retarme, para repetirme una y otra vez: “¡Así siempre serás una fracasada!”
Y ahora estoy acá, Ana. Nunca llegué a ser feliz, nunca conseguí ser perfecta. Te llevaste mi sonrisa, mi alegría. Lo di todo por ti: mis amigos, mi familia, mis estudios. Te entregué toda mi vida, Ana. Te entregué toda mi alma. Me arrancaste el corazón, me quisiste arrancar la vida. Por favor, Ana quiero que vuelvas solamente quiero volver a hablar con vos y ser PERFECTA.